Jueves, 19 Abril 2018
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La base minera

La base minera Destacado

El hartazgo de los mineros y los trabajadores del acero dio a Donald Trump el triunfo en las elecciones y, ahora, como presidente, acude a su base más fiel para justificar decisiones tan criticadas como la de Estados Unidos del Acuerdo climático de París.

“Fui elegido para representar a los ciudadanos de Pittsburgh, y no a los de París”, dijo Trump en una frase que resume su política para poner a “EE.UU. primero” (“America First”) y priorizar la creación de empleo en zonas industriales, como Pittsburgh, por encima de cualquier compromiso internacional.

Trump recuperó el tono populista de sus actos de campaña y, frente a una audiencia mundial, prometió que la salida de EE.UU. del “injusto” Acuerdo de París impulsará el desarrollo de un “carbón limpio” que permitirá la creación de cientos de miles de empleos en las minas, en la industria del acero y en la del automóvil.

“Las minas-aseguró- ya están empezando a abrir, tenemos una gran apertura

en dos semanas, en Pensilvania, en Ohio, en Virginia Occidental, en tantos lugares. Una gran apertura de una nueva mina. Eso es inaudito. Por tantos, tantos años que no ha sucedido. Me preguntaron si iba a ir y lo voy a intentar”. No mencionó el nombre de la mina en su discurso, pero inmediatamente después los jefes de la mina Acosta hicieron oficial la invitación a Trump para su ceremonia de apertura. La mina Acosta, en el oeste de Pensilvania, creará entre 70 y 100 empleos y producirá 400.000 tonela das anuales de carbón, según la empresa Corsa Coal, propietaria del yacimiento.

Esa pequeña creación de empleo apenas servirá para aliviar la dañada industria del carbón, que ha perdido 60.000 puestos de trabajo desde 2011, en gran medida debido al “boom” de la fractura hidráulica que ha convertido al gas natural en una alternativa mucho más barata que el carbón.

En todo caso, el Acuerdo de París y las políticas medioambientales del expresidente Barack Obama han sido percibidos como el origen de todos los males por los habitantes del cinturón de óxido de EE.UU. (“rust belt”), el corredor desindustrializado que va de Pensilvania a Minnesota y que apoyó en masa a Trump.

“La gente no gasta el dinero como antes, hay muchos negocios que han cerrado, casas tapiadas, la gente se va todo el tiempo a buscar otras oportunidades”, retrató en declaraciones Polly Bernard, de 61 años y que vive en Gillette, en el estado de Wyoming y apodada como “la capital de la energía de la nación”.

La ciudad de Gillette ha visto crecer el desempleo y su tasa de pobreza por encima de la media nacional en los últimos años, alcanzado un pico del 6,2% de desempleo en junio de 2016, cuando la tasa media en Estados Unidos era del 4,9%, según datos de la Oficina de Estadísticas Laborales. Bernard encajó de mala gana las estocadas del declive. Se niega a abandonar su casa y tiene dificultades para llegar a final del mes y pagar la hipoteca. “He pasado 10 años en las minas, trabajé primero en una y luego en otra. Ganaba unos 72.000 dólares al año, más o menos. La empresa se declaró en quiebra y nos despidieron al mismo tiempo a entre 4.000 y 6.000 trabajadores.

Eso es mucho, todo el mundo buscaba trabajo como loco y no había nada”, narró. Varios meses después del despido, Bernard consiguió un trabajo en una escuela infantil, donde gana unos 20.000 dólares al año. “Me encargo de lavar los platos. La verdad, es una lucha, una lucha continua, el dinero no es suficiente. Es una pena, es como si se estuviesen riendo de nosotros”, lamenta.

La pérdida de capacidad adquisitiva de Bernard, su rabia y su cansancio, impulsa a Trump, quien en sus discursos pregona el comienzo de una nueva era de poder para la clase trabajadora, sometida al vendaval de la globalización.

“¿Cuándo comenzó Estados Unidos a degradarse? ¿En qué punto empezaron a reírse de nosotros como país? Queremos un trato justo”

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  • Motivada por la necesidad

    “Aprender a vivir es tener balance entre lo que hacemos y lo que debemos vivir”.

    Al ver el dolor de las personas, especialmente de aquellas que vivían en áreas rurales e inclusive como muchos de ellos morían por no tener las posibilidades de recibir un servicio médico. La doctora Carmen Romo, sintió la necesidad de dedicarse a la medicina. Recuerda que durante sus vacaciones servía en misiones médicas en la selva amazónica de su amado Ecuador, recorría lugares inhóspitos, donde comenzó a darse cuenta que no necesitaban una gran tecnología para ayudar y servir sino solamente el deseo de querer hacerlo.

    “Recuerdo que después de graduarme, comencé mis prácticas en el campo de medicina rural. Era mucha la necesidad que existía que cuando el paciente ingresaba, teníamos que decirle que esperara un poco para atenderlo, así que lo enviábamos a comprar medicamento para que no se agravara su situación. El problema que tenemos en cuanto a salud es mundial, especialmente en los países sub desarrollados. Es desesperante”, mencionó la doctora.

    Carmen Romo es originaria de la ciudad de Machala en Ecuador. Un lugar que ella misma describe con bellos paisajes, gran calidez humana, y un lugar donde se tiene que hacer mucho para que los sueños se cumplan. De su infancia la doctora Romo recuerda con gran alegría, las horas que pasaba junto a su padre y hermanos leyendo libros en un cuarto de su casa, el cual su padre convirtió en biblioteca.  

    “Teníamos un cuarto donde las cuatro paredes estaban llenas de libros, así que era una obligación semanal leer, ya que el fin de semana mi padre se reunía con nosotros para que le expresáramos un resúmen de lo que habíamos leído. Así que el hábito de la lectura fue algo que formó parte de mi infancia. Realmente fueron jornadas muy lindas y que recuerdo con gran amor”, compartió.

    Dieciocho años fue el tiempo que Carmen Romo, ejerció su profesión en su natal Ecuador. Posteriormente se muda a los Estados Unidos junto a su familia, donde asegura no fue nada fácil para ella, ya que tuvo que comenzar de nuevo y buscar oportunidades en el campo de la medicina.

    “De ser una persona que trabajaba 16 o 18 horas diarias y llegar a este país y pasar los primeros días encerrada en mi casa, fue un cambio muy difícil. A los 20 días de estar residiendo aquí, tuve un accidente vehicular y viví experiencias muy desagradables. Tiempo después tuve que tomar la decisión de continuar con mi profesión, así que contacté a un doctor que conocía gracias a mis participaciones en cursos internacionales. Le pedí que me diera la oportunidad de apoyar su trabajo, él aceptó y de esa manera llegué al hospital Integris”, señaló la doctora.  

    Carmen Romo comenzó en el Hospital Integris, sirviendo como voluntaria en el programa llamado Iniciativa Hispana, entre los años 2003-2004. Tiempo después los directivos de esta organización vieron la necesidad de crear una línea telefónica que atendiera a sus pacientes en el idioma español, así que la doctora Romo se hizo cargo de este desafío. Durante su trabajo en el programa, tuvo la oportunidad de conocer a la señora María Charqueño quien junto a un sub comité de la Cruz Roja iniciaron la Feria Hispana de Salud en 1988, así mismo tuvo la oportunidad de trabajar con la doctora María Aymat, quien continuó el trabajo de la señora Charqueño hasta el año 2012. Después de la muerte de la doctora María Aymat, la doctora Romo se hizo cargo de la Iniciativa Hispana de Integris y de seguir realizando la Feria Hispana de Salud.

    “Soy de las personas que piensan que todos los comienzos son difíciles y llenos de aprendizaje. El cambiar mi profesión fue un golpe muy duro inicialmente, después me di cuenta que todo era realmente una oportunidad de seguir creciendo y aprendiendo de otras situaciones en cuestión de salud. Pasé muchas cosas para llegar a donde estoy, conocí muchas personas que me han ayudado a mejorar cada día. Cuando uno tiene la capacidad de aprender inclusive de los problemas, al final del camino te sientes satisfecho, ya que todo lo que pasa en tu vida, son experiencias que te ayudan mas adelante”, aseguró la doctora Carmen Romo.  

    Cuando se trata de apoyar a nuestra comunidad hispana no solo a través de programas de salud, la doctora Romo siempre está dispuesta. Pero cuando ella no participa de alguna actividad, asegura que disfruta mucho leer un buen libro, hacer jardinería y tejer.

    “En cuanto a la salud personal, lo que yo puedo aconsejar a mi comunidad, es tener un médico familiar. En nuestra ciudad hay muchas opciones, inclusive hay médicos que cobran menos que un estilista. Si voy a que me corten el cabello, a veces pago más allí que ir a una cita con el doctor. Así como externamente queremos estar bien, más aún debemos hacer un esfuerzo por estar mejor internamente”, aconsejó la doctora Romo.

  • Desarrollo educativo

    Metro Tech devela nuevo y moderno centro de capacitación de HVAC.

    El pasado viernes, los centros Metro Technology celebraron, junto con varios dignatarios y líderes comunitarios, la apertura de su nueva instalación de aprendizaje enfocada en el desarrollo de carreras profesionales continuas para estudiantes en las áreas de diseño, instalación y mantenimiento de plomería, calefacción, ventilación y sistemas de aire acondicionado y refrigeración. El recién elegido alcalde, David Holt, habló sobre la importancia de los centros de capacitación técnica como éste para apoyar en el crecimiento cada vez mayor en Oklahoma City de dichas industrias. El nuevo programa aprovecha alianzas con Trane, Snap On Tools y NC3.

    Instructores tales como Randall Guess, quien aparece en la fotografía, orientan a estudiantes de preparatoria y adultos hacia una carrera técnica con gran demanda de trabajadores especializados. Los estudiantes de preparatoria matriculados en el programa pueden obtener horas crédito para graduarse al asistir a clases durante medio día.  Para cuando el estudiante se gradúa de la preparatoria, el o ella podrán obtener una certificación o licencia que los puede llevar a conseguir trabajos con sueldos más altos en un campo con potencial muy alto de crecimiento.

    Metro Tech fue establecida en 1979 y opera cuatro recintos universitarios en Oklahoma City.

  • Nunca Olvidaremos

    23 años desde aquel fatal suceso y familias hispanas siguen honrando a sus seres queridos.

    Hoy se conmemora un aniversario mas del fatal suceso ocurrido en el Edificio Federal Alfred P. Murrah, donde perdieran la vida 168 personas entre ellos niños. Este atentado sin duda marcó la vida de muchas personas, incluyendo a nuestra comunidad hispana. Por esa razón a través de la historia de la familia Tapia, queremos honrar a todos aquellos que les fue arrebatada la vida aquel 19 de abril de 1995.

    La familia Tapia, son originarios de San Felipe, Guanajuato, México. Ellos llegaron a los Estados Unidos hace 30 años. Y aunque este país se ha convertido en una oportunidad para alcanzar sus sueños, también han tenido que lidiar con el dolor al perder a un ser querido.

    El Nacional de Oklahoma, tuvo la oportunidad de conversar con Ana Tapia, quien con gran tristeza, pero a su vez con amor, comparte como vivieron la muerte de su abuelo Emilio Tapia.

    “Mi abuelo Emilio era una buena persona, humilde, honesto; siempre sonriente, amoroso, apasionado por su familia y dedicado a su trabajo de mantenimiento en unos apartamentos de la ciudad de Oklahoma”, señaló Ana Tapia, quien es la nieta mayor del fallecido Emilio Tapia.

    “La relación con mi abuelo fue muy cercana, recuerdo los días que me llevaba a Kindergarten y los días que jugábamos en el parque. Nunca pensé que el perdiera la vida de una manera tan trágica”, mencionó la joven.

    Emilio Tapia perdió la vida durante el ataque terrorista al Edificio Federal Alfred P. Murrah. Él se encontraba en el primer piso, en las oficinas del Seguro Social. Junto al pastor Gilbert Martínez, quien también murió y que en ese momento acompañaba al señor Tapia, quien atendía una cita para sus beneficios de seguro social.

    “El primero de mi familia en saber del atentado fue mi papá que se encontraba trabajando esa mañana. Yo tenía 5 años de edad y recuerdo que ese día mis papás se fueron a sus labores cotidianas, y mi abuelo me dejó al cuidado de mi tío mientras él iba para su cita, de donde lamentablemente ya nunca volvió. No creo que exista un reloj mágico que marque el tiempo en el que uno sane emotivamente por completo. Este suceso marcó para siempre nuestras vidas pues nunca imaginamos que perderíamos para siempre un ser querido”, compartió Ana Tapia.

    Cada año autoridades locales y familias, se reúnen en el Oklahoma City National Memorial para honrar la memoria de todas las personas que murieron, producto del terrorismo. Para la familia Tapia, la fecha del 19 de abril no la llaman “Remembrance Ceremony” o Ceremonia de Recuerdo, para ellos es "Family Day".

    “Ese día mi familia está más unida que nunca. Mi abuelo, es y será un gran ejemplo para toda la familia. A través de su legado está mi trabajo y dedicación a mis sueños. Hoy en día soy graduada de la Universidad de Oklahoma con una Maestría. Mi abuelo dedicó su tiempo a llevarme a Kindergarten cada mañana, fue el motor en mi educación. Por eso cada día que despierto hago lo posible por ser mejor, porque se que el se sentiría muy orgulloso de nosotros. Su familia”, aseguró Ana.

    Este día Ana y su familia hacen tiempo, para ir y visitar la silla que lleva el nombre de su abuelo en el Oklahoma City National Memorial. Llevan flores y comparten un tiempo de recuerdos y palabras de ánimo entre ellos.

    “Mi mensaje para todas las personas que perdieron a un familiar ese día. Quiero decirles que guarden los mejores recuerdos de ellos. Recuerden su sonrisa, los momentos mas divertidos; ya que algún día estaremos con ellos nuevamente”, añadió Ana Tapia.

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