|
Al entrar al local de convenciones del Hotel Magnuson en el Sur de la Ciudad de Oklahoma, me dieron ganas de persignarme.
Y es que los cánticos, las porras y las frases de apoyo al pre candidato a la presidencia de los Estados Unidos, Rick Santorum, que allí se presentaba, era poco menos que himnos evangélicos, abucheos a la mención del presidente Barack Obama y todas sus diabólicas políticas.
En la entrada, niños en edad escolar y a la hora de clases, portaban banderolas alusivas, vestidos con trajes domingueros.
Al buscar mi camino entre una multitud de casi un millar de seguidores, me tropecé con un hombre de unos 45 años, blanco –bueno, casi todos lo eran, con la excepción de dos o tres, los empleados de limpieza, todos hispanos, y yo.
El hombre tenía los ojos cerrados y le contestó a Santorum con un sonoro ¡Amén!, seguido de una ¡That’s right!.
Santorum acababa de comenzar a hablar de la supuesta ingerencia del estado en materias religiosas.
Las manifestaciones religiosas, en materias de gobierno, son algo que no debe asustar a nadie, y así como se utiliza la religión para alinear devotos alrededor de programas de campaña, también la religión se acerca en muchos casos a manejos de gobierno y en otras latitudes participa y hasta decide los rumbos políticos de países completos.
Y a los latinos ya no nos deberían contar esta clase de cuentos otra vez.
Nuestra propia historia de “descubrimiento” por países europeos ha estado impregnada por la dualidad de Iglesia-estado o mejor dicho, cruz y espada. Así los españoles conquistaron America por el Sur y los Ingleses America por el norte.
Con los años y tras siglos de inquisición política a nuestros gobiernos, un poco avergonzados decidimos apartar a estas instituciones. Pero solo de palabra, al menos en Latinoamérica. La separación de Estado-Iglesia fue definitiva. ¿Lo fue?
La historia esta llena de tropiezos entre las iglesia, principalmente católica, y los gobiernos de las naciones. Llena de complicidades, no siempre a favor de las mayorias, de los más pobres.
Y como para acercarnos más al tema, el nombre del ex senador por Pensilvania tiene un significado que le cae como anillo al dedo, en momentos como estos.
En Latín, Sanctorum –bueno suena casi igual- significa “Santo” y al parecer, es la definición que el republicano y sus huestes prefieren.
Lo malo es que hay otra definición alterna del nombre específico del ex senador, que le ha llevado incluso a tratar de querellar a Google para que retire la definición alterna de su ilustre apellido, con ciertas materias orgánicas encontradas en deshechos humanos.
En todo caso, todo esto no es sino simples anécdotas de una campaña en la que lo único claro en las últimas semanas es que ni Santorum ni ninguno de los otros republicanos tiene todavía el favor de los conservadores y que sea quien sea el elegido, va a encontrar en el presidente Obama un hueso duro de roer, que seguramente va a utilizar en su campaña toda la retahíla de insultos con los cuales se ha “debatido”, en la primaria republicana.
Lo importante es no quien va a seguir a Santorum o cualquiera de ellos. Y en esto los hispanos deben tener mucho cuidado en no confundir las ovejas con otros habitantes del Arca de Noé, pero de colmillos más afilados.
En el 2005, el mismísimo Santorum encabezó una campaña en contra de la Iglesia Católica, la cual defiende ahora para no dar anticonceptivos a sus empleados, por su supuesta responsabilidad en los continuos escándalos de abuso sexual.
Santorun no solo levantó el dedo acusador contra los sacerdotes involucrados en el detestable hecho, sino que iba más lejos al acusar a toda la Iglesia de llevar una “política de liberalismo y relativismo moral”, que llevaba a la constante violación de menores por sacerdotes católicos.
También ha estado en la mira de sectores ultra liberales por su oposición a todo nivel a la homosexualidad y al matrimonio entre estos.
Finalmente es también recordada su batalla legal contra las escuelas públicas de Pensilvania que lo acusaron de falsear documentos para poder usar beneficios educativos para sus hijos por un monto de más de 67 mil dólares, que luego le serían pedidos en retorno.
Y tampoco que Santorum no es muy generoso en sus opiniones sobre los inmigrantes, pues no solo es uno de los que si quieren botar a todos los indocumentados, y negarles el derecho a acceder a las universidades a los hijos de estos, aunque no tengan la culpa de nada, pues llegaron cuando eran solo unos niños, sino también un abierto enemigo al uso del idioma español en los Estados Unidos.
Al final, no solo la figura de Santorum es la que nos llama a la reflexión de la relación estado-iglesia, sino también la poco atinada aplicación de leyes que cruzan, de lejos o de cerca, la autonomía de las Iglesias en decidir los beneficios que otorga a sus empleados, sin contravenir sus creencias religiosas.
Ya Obama ha dado señales de retroceso de parte del gobierno, ahora hace falta que los otros dejen de levantar campañas como Cruzadas religiosas, especialmente cuando visitan sitios como Oklahoma (Parte del llamado Cinturón Religioso de los Estados Unidos), y de acusar al pobre Obama, no solo de ser ilegal sino hasta de mal agüero.
|